Anonima Geek

Anónima, Geek y, para colmo, emprendedora… tengo todas las papeletas para salir mal parada.

Quiero que seas feliz, pero…

Feliz, felicidad… ¿qué es la felicidad? ¿En qué pensamos cuando deseamos que los demás sean felices? ¿Tenemos derecho a decidir qué es la felicidad para los demás? ¿Por qué creemos que podemos decirle a los demás cómo deben ser felices?

Felicidad
Del lat. felicĭtas, -ātis.
1. f. Estado de grata satisfacción espiritual y física.
2. f. Persona, situación, objeto o conjunto de ellos que contribuyen a hacer feliz. Mi familia es mi felicidad.
3. f. Ausencia de inconvenientes o tropiezos. Viajar con felicidad.

Fuente: Real Academia de la Lengua Española.

Vale. Según el diccionario de nuestra lengua, nuestro idioma y el lenguaje con el que se supone que nos expresamos, tenemos claro que la felicidad es algo tremendamente subjetivo. A fin de cuentas, la ‘satisfacción espiritual y física’, lo que contribuye a hacernos felices o la ‘ausencia de inconveniente y tropiezos’ depende de lo que nosotros mismos como personas individuales creemos que es ‘satisfacción’, ‘espiritual’, ‘inconveniente’ o ‘tropiezo’. ¿No es así?

Ya. Pero por alguna extraña razón todos somos jueces capaces de decidir qué tiene que hacer feliz a los demás. ¿Por qué? ¿Por qué no podemos dejar que sea cada cual quien decida qué es lo que le hace feliz? Vale, no, no estoy hablando de violar normas cívicas o éticas o legales… o sea… no sé, si te hace feliz matar a puñaladas a otro ser humano, igual tienes un problema.

Pero no, no es eso de lo que trato de escribir ahora. Trato de escribir sobre otra cosa. A ver si soy capaz de explicarme.

Cuando decidí venirme a vivir al lugar en el que vivo y crear y construir y partirme la espalda trabajando por lo que creo que me hará feliz, lo hice sabiendo dónde me metía. Vine aquí porque el entorno en el que vivo me gusta y lucho por construir el sistema de vida en el que creo porque me hace feliz mirar atrás y comprobar que, efectivamente, las cosas se van desenvolviendo tal y como yo quería que se desenvolvieran. Despacio, lentas, pausadamente… pero firmes. Cada una de las piedras metafóricas que he puesto en el camino de mi vida son sólidas y se mantienen y cada una suma con las demás y poco a poco veo y compruebo que lo estoy haciendo bien. Me siento satisfecha y orgullosa.

Pero no me educaron para esto. Me educaron para otra cosa. A lo largo y ancho de toda mi vida me han enseñado ideales que no he logrado compartir, ideas, fórmulas que, por alguna extraña razón, no era capaz de compartir. No porque estuvieran bien o mal, sino simplemente porque en mi fuero interno yo sabía que quería otra cosa diferente.

Y  al final tuve la suerte de vivir la crisis que me llevó a tomar la decisión que acabó encaminándome hacia el estilo de vida que yo soñaba y no creía posible. Cuando vine aquí… bueno, ya me habéis leído un montón de post sobre cómo luché por aprender y sobrevivir y construir mis recursos y no voy a repetirme… o no lo pretendo.

Pero descubrí que las cosas que leía y soñaba podía hacerlas en la vida real. ¿Vivir sin dinero? ¿Comprender a la naturaleza? ¿Sobrevivir del medio? ¿Hacer cosas por mí misma? Yo no era así. No era más que una urbanita pija más del montón, sin clase, sin imaginación y sin ganas de vivir en un mundo que no sentía como mío, embebida de un montón de literatura fantástica y ciencia ficción soñando con realidades alternativa.

Y vine aquí sin nada y empecé a aprender cosas y a trabajar y ahora tengo un modo de vida que me satisface y que me hace sentir plena y feliz. Sé que hay muchas cosas en las que tengo que trabajar y que todavía me queda un camino muy largo y duro de recorrer antes de llegar a una plenitud en la que pueda estancarme y pensar: ‘joder, ya no tengo que hacer más, con lo que tengo me vale, he encontrado mi equilibrio y soy feliz’. Me faltan muchas cosas, pero las voy consiguiendo y, si analizo mi trayectoria, me siento satisfecha y sé que estoy en la ruta correcta conforme a mi forma de pensar.

Pero eso no es válido para las personas que me educaron. El obstáculo más grande que tengo que superar cada día es luchar contra las palabras de desaliento que me transmiten cada día las personas que querían verme en otro lugar. Quieren que sea feliz. Sí, eso dicen siempre que acabamos discutiendo y teniendo una bronca. Pero así no.

Y ese, amigos y amigas míos, es el mayor de los obstáculos. Es la comida cerebral de tarro que tengo que soportar cada vez que siento que las cosas van bien. Porque por alguna incomprensible razón mis progenitores siempre se las arreglan para aparecer el mejor día, en el que más orgullosa me encuentro, para explicarme cuán mejor sería mi vida si no tuviera… en fin, todo lo que tengo ahora.

No. Ellos quieren que sea feliz, pero no feliz de la forma en que lo soy. No. Ellos son burgueses, acomodados, viven con 6.000€ al mes y no llegan a fin de mes. No se hablan entre ellos, discuten siempre y nada de lo que tienen a su alrededor les complace ni les satisface. Ellos quieren que sea feliz, pero para ser feliz según sin criterio tendría que deshacerme de mis principios, de mis valores y de mis creencias.

¿Cómo puedo ser feliz con tantas responsabilidades? ¿Cómo puedo ser feliz con tanto animal en casa? ¿Cómo puedo ser feliz con tanto trabajo no remunerado? ¿Cómo puedo ser feliz con tantos objetos fruto de mis largos años de vivencias y experiencias?

Tendría que haber sido ese tipo de persona que puede ser feliz en un apartamento, sin apenas objetos personales, sin tiempo para tener amigos, pareja… ganando una fortuna y destrozándome la espalda con unos putos tacones. Gastándome el suelo en peluquerías y trajes de chaqueta para quedar bien de cara a los inversores.

Pero yo no soy así. Esa vida no era la vida que yo quería para mí.

Así que su forma de pedirme que sea feliz es renunciar a todo en lo que creo y fingir que me hace feliz una vida de plástico. Una vida vacía y lejos del mundo en el que creo. ¿Por qué no puedo ser feliz haciendo las cosas que me gustan? ¿Tan difícil es comprender que cada uno tiene su derecho a ser feliz tal cual desee? ¿Por qué los demás tienen que decidir qué nos hace felices y qué no?

¡Ay, amigos! La vida es así. Hagas lo que hagas, siempre hay gente que piensa que te estás equivocando. Pero en el fondo, y esta es solamente una idea que escribo completamente borracha un domingo a la 1:10 de la madrugada, ¿no se supone que somos dueños de nuestro destino? ¿No se supone que somos nosotros quienes sabemos en nuestro fuero interno qué está bien y qué está mal (aunque sea sólo a nivel personal)?

Lo siento, por quien se ofenda, por aquellos que no compartan mi forma de pensar y por quienes se crean dueños y señores de la métrica que debe medir el mundo de todos por igual. Pero si no os alegráis de mi felicidad, si no sois capaces de compartir conmigo la alegría de mis logros, si no podéis darme un ‘enhorabuena’ por todo lo que estoy consiguiendo… tal vez no me queráis tanto, tal vez no deseéis mi felicidad, tal vez sólo seáis unos putos hipócritas de mierda que queréis que todos seamos iguales que vosotros para no tener que tomaros la molestia de pensar que es posible que os estéis equivocando.

 

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This entry was posted on March 7, 2016 by in Crítica, Social and tagged , , , , , , .

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